PARÍS (apro).— Faltaban 10 minutos para las 10 de la mañana
del viernes 3 cuando un hombre, machete en mano, se abalanzó sobre una
patrulla militar al grito de “Alá es grande”. Logró herir ligeramente a
un soldado antes de derrumbarse alcanzado por un disparo en la pierna y
otro en el abdomen. Operado de emergencia, sigue entre la vida y la
muerte.
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| Movilización policiaca tras el tiroteo en el Louvre. Foto: AP / Thibault Camus |
El ataque ocurrió en el elegantísimo centro comercial del
Carrousel du Louvre, situado en el subsuelo del Museo del mismo nombre, y
provocó breves connatos de pánico en ambos lugares.
En el primer caso, porque se evacuó a toda velocidad a
clientes y personal de las tiendas. Y en el segundo, porque unos mil
visitantes quedaron encerrados en el museo durante dos horas, por
medidas de seguridad.
Doce horas después del ataque, François Molins, procurador de Justicia de París, ofreció algunos datos sobre los hechos.
El “probable terrorista” de 29 años de edad y de
nacionalidad egipcia, llegó a la Ciudad Luz procedente de Dubái
(Emiratos Árabes Unidos) el pasado 26 de enero, con un visa de turista y
alquiló un aparta-hotel en el residencial distrito VIII de la capital.