La eternización de un cacicazgo –mal disimulado con comicios
amañados– desató la furia de los habitantes del municipio chiapaneco de
Oxchuc. Dispuestos a impedir la toma de posesión de María Gloria Sánchez
Gómez, los pobladores realizaron varios bloqueos carreteros. El viernes
8 el gobierno decidió reprimir las protestas y envió a medio millar de
granaderos, que a la postre se tuvieron que retirar, derrotados. Dos
autobuses llenos de turistas extranjeros tuvieron la mala fortuna de
pasar en medio de la batalla…
OXCHUC, CHIS. (Proceso).- Alterado por el alcohol, un encapuchado
subió al autobús estacionado en medio de la vía principal y les gritó a
los pasajeros que el vehículo iba a ser quemado. Era la tarde del
viernes 8. A poca distancia, habitantes de esta alcaldía y policías
estatales y municipales libraban una encarnizada batalla.
En el camión, 15 turistas extranjeros sólo comprendían la palabra “morir”. Gitte Kampman Ronde, originaria de Dinamarca, tomó su libreta de viaje y escribió su nombre en la primera página, “sólo en caso de que todo saliera mal, para que llegara a mi familia y al menos supiera qué me pasó”.
Los viajeros habían estado encerrados en el camión más de cuatro horas. Decenas de personas con el rostro cubierto lo rodeaban; algunos lo golpeaban o arrojaban piedras contra las ventanillas. Desde adentro se escuchaban los impactos de las rocas y también disparos. Un cristal se rompió…
“¡Sálganse!”, gritó un hombre. Los turistas se precipitaron hacia la puerta. Bajaron en medio de una nube de gas lacrimógeno que se mezclaba con el humo negro y apestoso de la quema de llantas. Corrieron despavoridos con el único objetivo de salir de Oxchuc, vuelto una “zona de guerra”.
El cacicazgo
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| Enfrentamiento en Oxchuc. Foto: www.chiapasenlamira.com.mx |
En el camión, 15 turistas extranjeros sólo comprendían la palabra “morir”. Gitte Kampman Ronde, originaria de Dinamarca, tomó su libreta de viaje y escribió su nombre en la primera página, “sólo en caso de que todo saliera mal, para que llegara a mi familia y al menos supiera qué me pasó”.
Los viajeros habían estado encerrados en el camión más de cuatro horas. Decenas de personas con el rostro cubierto lo rodeaban; algunos lo golpeaban o arrojaban piedras contra las ventanillas. Desde adentro se escuchaban los impactos de las rocas y también disparos. Un cristal se rompió…
“¡Sálganse!”, gritó un hombre. Los turistas se precipitaron hacia la puerta. Bajaron en medio de una nube de gas lacrimógeno que se mezclaba con el humo negro y apestoso de la quema de llantas. Corrieron despavoridos con el único objetivo de salir de Oxchuc, vuelto una “zona de guerra”.
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