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miércoles, 11 de mayo de 2016

Testigo clave de PGR en Iguala: “Si no hacía todo lo que me dijeran, iban a violar a mis niñas…”

Documenta la agencia de noticias AP 10 casos de presunta tortura contra sospechosos de haber participado en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

testigo 

La agencia de noticias The Associated Press (AP) pudo documentar 10 casos de presunta tortura contra sospechosos de haber participado en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
En las semanas siguientes a la desaparición de 43 estudiantes universitarios en septiembre de 2014 -informó la agencia-, las autoridades mexicanas detuvieron a decenas de sospechosos y dijeron que habían resuelto el caso.
En documentos obtenidos por la AP, a los que no se había dado difusión hasta ahora, 10 de los sospechosos relataron un guion casi idéntico: primero vinieron los interrogatorios, después los golpes, las descargas eléctricas, asfixias parciales con bolsas de plástico y finalmente amenazas de que matarían a sus seres queridos si no hacían confesiones que sustentasen lo que decía el gobierno.

Algunos dijeron incluso que les dieron evidencia preparada o les indicaron lo que tenían que decir.
Informes médicos publicados el mes pasado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) parecen confirmar las versiones de que hubo torturas. De los diez archivos conseguidos por la AP, la organización revisó cinco y encontró pruebas verosímiles de torturas en todos ellos.
“En el transcurso del camino me iban dando electricidad en los testículos y en todo el cuerpo”, declaró uno de los sospechosos, Patricio Reyes Landa, quien fue detenido un mes después de la desaparición de los estudiantes.
“En todo ese tiempo, que fue como dos horas y media de camino, llevé los ojos tapados y me fueron golpeando todo el camino”, dijo Reyes Landa a un juez, de acuerdo con los documentos. “Recuerdo que se acercó una persona y me quitó la venda de los ojos y me mostró una fotografía de mi familia, de mis dos niñas, de mi esposa y mi hermano, y me dijo que si no hacía todo lo que me dijeran iban a violar a mis niñas… Le dije que yo iba a hacer lo que ellos me dijeran”.
La declaración de Reyes Landa es clave para el gobierno porque fue uno de los primeros que confesó haber matado a los estudiantes y quemado sus cadáveres en un basurero de Cocula, para luego arrojar los restos al río San Juan.
Aparte de esas confesiones y de un fragmento de hueso perteneciente a uno de los estudiantes, según se comprobó mediante análisis de ADN, los fiscales casi no tienen otras pruebas.
Bajo las leyes mexicanas, las confesiones obtenidas mediante torturas no son admisibles.
En relación con los estudiantes desaparecidos, las denuncias de torturas involucran a los miembros de la policía federal y las fuerzas armadas que arrestaron a individuos sospechosos de tener vínculos con el sanguinario cartel Guerreros Unidos.
La Procuraduría General de la República (PGR) asevera que miembros de esa banda mataron a los estudiantes después de que fueron entregados por la policía, que los había arrestado en la ciudad de Iguala.
Hay evidencias médicas que corroboran las denuncias de torturas.
Según un informe de médicos de la fiscalía mexicana, preparado dos meses después de la detención de Reyes Landa, este tenía moretones, rasguños y “lesiones puntiformes semejantes a las ocasionadas por la aplicación directa de dispositivos eléctricos (como picanas o “chicharras”) en abdomen y muslos”.
Igual de escalofriante es el testimonio del supuesto líder de Guerreros Unidos, Sidronio Casarrubias, quien dijo que un detective de la PGR abusó de él horas después de su detención en febrero del 2015.
“El señor aquí presente fue un uno de los primeros que me torturó y se sentó en mi estómago, y fue el que me asfixió con bolsas negras de plásticos, y además me violó con una pieza metálica“, dijo Casarrubias mientras apuntaba hacia el detective Gabriel Valle Campos, según los documentos.
“Me amenazó con que iba torturar a mi familia, a mis hijos de la misma forma en que lo estaba haciendo conmigo”.
Eber Betanzos, subprocurador que supervisa el caso del gobierno, dijo que no puede comentar respecto a las denuncias de torturas y que le corresponderá a los jueces analizar una serie de evaluaciones físicas y mentales que se le está haciendo a unos 90 sospechosos que dicen haber sido torturados.
Betanzos indicó que 32 detenidos dicen que fueron torturados. Las denuncias involucran “mayoritariamente a agentes aprehensores distintos a la PGR”.
Señaló que la Procuraduría General inició nueve investigaciones de torturas y que la mayoría de las denuncias abarcan “heridas que dejan huella”, como moretones, cortes y equimosis (moretones).
Recientemente la atención se enfocó en Agustín García Reyes, el primer sospechoso que identificó el sitio donde los restos de los estudiantes incinerados habían sido presuntamente tirados al río San Juan y donde se encontró la única evidencia vinculada con los estudiantes.
El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la CIDH, expresó dudas sobre el testimonio de García Reyes luego de que circularan fotos y videos en los que aparece caminando junto al río con Tomás Zerón, investigador jefe de la PGR, un día antes de que los fiscales dijeran que habían sido hallados fragmentos de huesos.
Eso hizo pensar que la evidencia había sido colocada allí. En medio de acusaciones de manejos irregulares, Zerón dio a conocer un video propio en el que aparece en la escena del crimen con García Reyes, pero no se le ve escarbando la tierra ni encontrando huesos. Eso daría crédito al argumento de los procuradores, que dicen que los restos fueron encontrados al día siguiente por buzos.
En los documentos obtenidos, García Reyes dice que fue torturado por horas, durante las que se le dijo lo que tenía que confesar cuando fue llevado al río aproximadamente un mes después de la desaparición de los estudiantes.
“Me pusieron la bolsa en la cabeza y me comenzaron a pegar; yo les dije que no sabía nada”, relató García Reyes. “Me decían más vale que me digas adónde están porque si no vamos a matar a tu esposa y tu hijo y a ti también“.
“Me siguieron pegando hasta que les dije que yo les iba a decir lo que ellos quisieran”, agregó. “Me llevan al río y me dicen en la camioneta ‘ahorita tú vas a hacer como si tú hubieras tirado las bolsas al río y si no lo haces te vamos a seguir golpeando’. Llegamos a ese lugar y estaban grabando ellos y yo hice como si tirara las bolsas al río y me llevaron enseguida donde ya tenían una bolsas de plástico, las señalé como diciendo que yo las conocía”.
A pesar de la denuncia de que fue torturado, no obstante, se puede ver a García Reyes, en un video de la fiscalía, aparentemente caminando normalmente, sin signos visibles de haber sido maltratado.
Según Denise González, especialista en derechos humanos y derecho internacional de la Universidad Iberoamericana de México, es posible que algunos sospechosos inventen historias sobre malos tratos.
Pero agregó que, “en el contexto de México, donde la tortura es generalizada… toda denuncia debe ser investigada, y a partir del contexto, es muy posible que sea cierto”.
(Con información de AP).
Fuente : AristeguiNoticias.

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