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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Para el gobierno de Peña es ‘un lujo’ tener mascota o mascar chicle

MÉXICO, D.F. (apro).- Tan urgido está el gobierno de Enrique Peña Nieto por mayores ingresos, que ya definió como “rico” a todo aquel que tenga una mascota en su casa –ya sea perro, gato o cualquier otra especie pequeña–, independientemente de sus ingresos.
Mochilón
Y por tanto, deberá pagar el correspondiente 16% de IVA lo mismo cuando compre el alimento para aquéllos o cuando adquiera otro animal doméstico en algún establecimiento formal.
Y no es broma. La exposición de motivos del decreto que modifica la Ley del IVA –que forma parte de la reforma hacendaria que presentó el presidente el domingo pasado– así lo señala.
Dice –de manera contundente– que las croquetas y cualquier otro alimento procesado, son “alimentos que evidentemente no están destinados al consumo humano y, por otra parte, quienes adquieren estos bienes reflejan capacidad contributiva y, en consecuencia, se trata de manifestaciones de riqueza que deben ser gravadas”.

Y por si no queda claro, advierte que comprar ese tipo de alimentos es adquirir “un bien suntuario”. Y abunda: “Los consumidores finales de estos alimentos, expresan su capacidad contributiva y económica al estar en posibilidad de adquirir dichos productos, sin dejar de lado que no constituyen bienes de primera necesidad, pues el tener o no una mascota puede relacionarse con una actividad de recreación y no con una necesidad básica”.
Categórica, pues, la definición.
Otra de las fuentes de ingresos elegida por el gobierno federal es aplicar la tasa general del IVA a las gomas de mascar; los chicles, pues.
Y eso, por una sencilla razón –dice el documento presidencial, con la misma contundencia–: “El chicle o goma de mascar no goza de las características de un alimento, ya que es una goma masticable que puede tener un origen natural o sintético. El chicle proviene del árbol denominado ‘chiclero’ y consiste en la savia extraída de éste, mientras que la goma de mascar sintética es aquella obtenida de compuestos sintéticos”.
Y, para los ignorantes mexicanos: “La goma de mascar se define como el producto elaborado a base de gomas naturales o sintéticas, polímeros y copolímeros, adicionados de otros ingredientes y aditivos para alimentos.”
Pero no son alimentos. Por tanto, dice, no hay razón para que sigan con la tasa cero del IVA.
Otra fuente por la que el gobierno espera “jugosos” ingresos es la de gravar también con IVA los boletos de entrada al cine y a todo espectáculo distinto del teatro y el circo.
Y hay que gravarlos porque, dice, quienes más acuden a ellos son los ricos. Otra vez. Y según las cuentas oficiales es rico aquel que gane 41 mil 660 pesos brutos al mes, o 100 mil o un millón, o sea tan acaudalado como cualquier mexicano que aparezca en las listas de Forbes.
Son lo mismo: ricos y, si pasa en las cámaras la ley propuesta por Peña Nieto, pagarán 32% de Impuesto sobre la Renta (ISR).
Así justifica la exposición de motivos la propuesta de aplicar IVA al cine y otros espectáculos públicos:
“El gasto corriente monetario en espectáculos públicos está concentrado en los hogares de mayores ingresos: 30% de los hogares de mayores ingresos realiza 80% del total de gasto por este concepto, en comparación con 3.7% que significa para 30% de los hogares de menores ingresos. Considerando lo anterior, con el fin de darle mayor progresividad al sistema impositivo en su conjunto, se propone a esa soberanía eliminar la exención en el IVA a los espectáculos públicos, manteniéndola únicamente para las funciones de teatro y circo en los términos que hoy se prevé.”
Que se jodan los “ricos” y de paso los que no lo son pero que también van al cine y a otros espectáculos.
¿Y por qué el teatro y el circo seguirán con la tasa cero del IVA? El documento lo explica así:
“Para que las actividades artísticas más antiguas e influyentes de la humanidad adquieran fortaleza y se remonten a la grandeza de sus inicios”. Y también para “promover y fomentar las actividades culturales más antiguas de la civilización”.
Pero no dice quiénes van más al teatro y quienes más al circo.
En la obsesión gubernamental contra los “ricos”, el decreto que modifica la ley del IVA también establece aplicar el impuesto a las colegiaturas, a la compra y venta de casas habitación, así como a los intereses de las hipotecas.
Igual pasará con el transporte terrestre de pasajeros por carretera; con la venta de oro, joyería, orfebrería, piezas artísticas u ornamentales y lingotes, cuyo contenido mínimo de dicho material sea de 80%, siempre que su enajenación no se efectúe en ventas al menudeo con el público en general.
Se les elimina la exención y ahora pagarán su 16% de IVA.
También contra los “ricos” habitantes de las zonas fronterizas la emprende el gobierno. Quiere que la tasa de 11% de IVA se elimine y tributen con la tasa general de 16%.
Y lo explica así:
“Con respecto al aislamiento que existía entre las poblaciones fronterizas del resto del país que originalmente justificaba este tratamiento (la tasa baja de IVA), se puede señalar que actualmente este argumento no tiene sustento, debido a que la infraestructura de comunicaciones y avances tecnológicos han estrechado la integración económica y comercial de la región fronteriza con el resto del territorio nacional. Actualmente, la zona fronteriza cuenta con mejor infraestructura de comunicaciones y transportes que el resto del país.
“En el caso de acceso a Internet –continúa–, el porcentaje de los hogares que cuentan con este servicio en las entidades fronterizas es de 16%, en tanto que en las entidades no fronterizas este indicador es de 12%; en el caso de la telefonía fija y móvil, la brecha es mayor ya que en las entidades fronterizas existen 95 líneas telefónicas por cada 100 habitantes y en el caso de entidades no fronterizas existen 80 líneas por cada 100 habitantes.”
Ya si los habitantes de esas zonas prefieren cruzar la frontera para comprar en Estados Unidos productos más baratos, o establecer sus negocios, es otra cosa. No importa que en el país se desplome el consumo.
El chiste es hacer que los “ricos” paguen.
Fuente : Proceso

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