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lunes, 14 de enero de 2013

Irlanda del Norte: Violencia por la bandera de la Union Jack

BELFAST (apro).- Irlanda del Norte, la provincia semiautónoma británica que durante décadas fue escenario de un sangriento conflicto histórico entre unionistas protestantes y republicanos católicos, ha registrado nuevamente serios disturbios callejeros, en esta oportunidad por la polémica decisión de la alcaldía de Belfast de limitar por primera vez desde 1906 el número de días que se izará la bandera británica (Union Jack) en los edificios públicos de ese territorio.
Irlandeses protestan contra las restricciones de uso de la bandera de Gran Bretaña en el centro de Belfast. Foto: AP
Irlandeses protestan contra las restricciones de uso de la bandera de Gran Bretaña en el centro de Belfast.
Foto: AP
  Desde la votación del 3 de diciembre pasado para limitar a 18 los días que ondeará el estandarte británico, en señal de respeto por las otras comunidades que viven en el país, entre ellas las nacionalistas que abogan por una Irlanda unida, cientos de manifestantes, en su mayoría menores de edad procedentes de familias unionistas protestantes se han enfrentado con agentes armados del Servicio de la Policía de Irlanda del Norte (PSNI, en sus siglas en inglés).

Más de 110 personas fueron detenidas, incluido un número de menores de entre 10 y 12 años, decenas resultaron heridos –la mayoría policías–, al tiempo que fueron dañadas viviendas, automóviles y comercios de la mayoritariamente protestante zona del este de Belfast, el foco de los disturbios.
El conflicto llegó a tal magnitud (en ocasiones se repitió por hasta siete noches consecutivas), que desde Londres la secretaria británica para Irlanda del Norte, Theresa Villiers, admitió el martes 8 que la provincia “quedó rehén” de los manifestantes.
Villiers llamó a poner fin a las manifestaciones callejeras para llevar la calma a la capital norirlandesa, cuya población teme ahora que la disputa por la Union Jack sumerja a la provincia en un nuevo espiral de violencia.
Los principales enfrentamientos entre los jóvenes unionistas y la policía se dan en la zona de Short Strand, un barrio históricamente importante para la comunidad protestante, porque es allí por donde suelen pasar los desfiles orangistas del Ulster.
El desfile protestante suele poner fin a la temporada de marchas veraniegas con las que la comunidad unionista celebra la victoria del rey protestante Guillermo III de Orange sobre el católico Jaime II en la batalla del Boyne de 1690, desfiles que, a menudo, atraviesan zonas nacionalistas y desembocan en disturbios.
“No es aceptable que aquellos que dicen defender la bandera británica lo hagan arrojando piedras y bombas caseras de tipo molotov a la policía. Es francamente una desgracia”, subrayó Villiers en una entrevista con la televisión de la BBC.
La funcionaria conservadora calificó los continuos incidentes en el este de Belfast como “profundamente deprimentes” y mostró su apoyo “a los enormes esfuerzos de la PSNI para aplacar a aquellos que continúan violando la ley”.
Villiers pidió a la población que deje de manifestarse por las calles de la ciudad y permita que los políticos elegidos democráticamente decidan sobre el tema de la bandera y los emblemas británicos.
“No vamos a conseguir ninguna solución si Belfast e Irlanda del Norte siguen siendo rehenes de los manifestantes”, destacó.
Para el secretario británico de Irlanda del Norte en la sombra, el laborista Vernon Coaker, los disturbios en Belfast “se han vuelto un asunto de seguridad nacional”, de los cuales el gobierno central en Londres no puede desentenderse.
Coaker dijo el martes 8 que el gobierno británico tiene la responsabilidad de apoyar el proceso de paz en Irlanda del Norte y condenar categóricamente la violencia.
“La gente puede estar en desacuerdo con decisiones tomadas, pero en una democracia no se puede utilizar la violencia en las calles para conseguir cambiar esas decisiones”, agregó el parlamentario opositor.
Los paramilitares de la UVF
De acuerdo con el SNPI, la principal responsabilidad por los incidentes recae en el grupo paramilitar protestante Fuerza Voluntaria del Ulster (UVF), que de acuerdo con la policía estaría detrás de los enfrentamientos de las últimas semanas.
La UVF, grupo paramilitar leal a la Corona Británica y creado en 1912, se había comprometido hace cinco años a abandonar las armas.
El actual grupo protestante tuvo como principal objetivo inicial luchar contra el Ejército Republicano Irlandés (ERI), aunque la mayoría de los asesinados del UVF fueron civiles. La mayor participación de norirlandeses a esa agrupación se concentra al este del condado de Antrim, en el condado de Armagh y en el distrito de Shankill, en Belfast.
En junio de 1966 el asesinato en Belfast de un camarero por causas religiosas condujo al primer líder del grupo, Augustus Spence, a ser arrestado y condenado a veinte años de cárcel. El UVF llevó también a cabo una serie de ataques contra instalaciones de servicios básicos en 1969, con la expectativa de que el IRA fuese culpado y los unionistas se opusiesen así a las reformas que estaba intentando realizar el gobierno de Terence O’Neill.
En diciembre de 1971, el UVF fue responsable por una bomba en un bar de Belfast, que provocó la muerte de 15 personas. En 1993 se supo que la UVF había estado detrás de los atentados de Dublín y Monaghan de mayo de 1974, en los que murieron 33 personas.
Al UVF se le han atribuido más matanzas que a cualquier otra organización paramilitar lealista. Según la Universidad de Sutton, en Inglaterra, el UVF es responsable de 426 asesinatos durante su historia. De ellos, 358 de sus víctimas fueron civiles, 41 paramilitares lealistas (29 de ellos, miembros del propio UVF), seis miembros del Ejército Británico o de la Real Policía del Ulster y apenas 21 fueron paramilitares republicanos.
Ahora la policía norirlandesa cree que es este grupo el que organiza a jóvenes desafectados del este de Belfast para sumarse a los incidentes por la cuestión de la bandera.
El comisario jefe del PSNI, el británico Matt Baggott, admitió el lunes 7 que las últimas cinco semanas han sido muy difíciles para la policía norirlandesa, y llamó a todo el espectro político del país a convocar a la paz y la tranquilidad en la población.
“No hay excusa alguna para la violencia. Indudablemente hay individuos dentro del UVF en el este de Belfast que han estado involucrados en estos disturbios”, confirmó en conferencia de prensa desde la sede central de la policía en Belfast.
Baggott indicó además que si continúan los disturbios, “las políticas de seguridad policial se verán afectadas”.
Hasta la semana pasada se habían gastado al menos 11 millones de dólares para costear los operativos de seguridad en torno a los incidentes vinculados a la bandera británica, en momentos en que Irlanda del Norte atraviesa la crisis económica más profunda y pronunciada desde hace más de un siglo.
Los hechos de violencia llevaron al primer ministro de Irlanda del Norte, y miembro del Partido Unionista Democrático (DUP, protestante), Peter Robinson, a considerar los incidentes como “injustificables” y una “vergüenza” para todo el país. “Los que son responsables dañan gravemente la causa que pretenden defender”, sostuvo.
En tanto, el reverendo Mervyn Gibson, uno de los líderes religiosos que ha convocado a reuniones con vecinos del este de Belfast para pedir por el fin de las protestas callejeras, sostuvo que hay que detener la crispación social “lo antes posible” para volver “a algún tipo de normalidad”.
“Muchos han resultado heridos y muchas casas fueron dañadas en los incidentes”, subrayó Gibson, quien cree que detrás de la violencia se esconden problemas sociales y económicos de familias sin trabajo ni perspectivas a futuro.
Sin embargo, Robin Newton, miembro de la Asamblea de Stormont por el DUP, afirmó que la ausencia de participación en las negociaciones por parte de los organizadores de las protestas dificulta lograr el fin de los disturbios y negó que se trate de jóvenes desafectos con las políticas económicas o sociales del país.
Lo cierto es que el Ministerio de Cultura británico confirmó desde Londres que tras la votación por parte de la Alcaldía de Belfast se establecieron 18 días en los que ondeará la Union Jack en Irlanda del Norte durante 2013, incluidas las jornadas de apertura y cierre del Parlamento por la reina Isabel II, los cumpleaños de miembros de la realeza (de Isabel II, su esposo el Duque de Edimburgo, el príncipe Carlos y los príncipes Guillermo, Kate y Harry), la asunción al trono y coronación de la soberana, el día de San Patricio, y el día de la Mancomunidad de excolonias británicas (Commonwealth), entre otros.
Irlanda del Norte, provincia británica semiautónoma con unos 2 millones de habitantes, vivió 30 años de violencia entre republicanos católicos y protestantes unionistas que dejaron un saldo de más de 3 mil 500 muertos.
El conflicto sangriento terminó con la firma del Acuerdo de Viernes Santo, el 10 de abril de 1998, que sentó las bases de un nuevo gobierno, en el cual católicos y protestantes comparten el poder. Dicho acuerdo, firmado por los gobiernos británico e irlandés y aceptado por la mayoría de los partidos políticos norirlandeses, llevó a la creación de la Asamblea de Stormont.
Históricamente, la mayoría de los católicos fueron nacionalistas a favor de pertenecer a la República de Irlanda, de igual manera que la mayoría de los protestantes estuvieron a favor de ser parte del Reino Unido de Gran Bretaña. Sin embargo, hoy en día muchos católicos están a favor de la unión con el Reino Unido.
A partir de 2007, 36% de la población se define como unionista; 24% como nacionalista, y 40% se asume como neutral. Según una encuesta de opinión de 2009, 69% expresó preferencia a largo plazo para el mantenimiento de la pertenencia de Irlanda del Norte al Reino Unido (ya sea directamente o con un gobierno propio), mientras que 21% expresa una preferencia por la pertenencia a una Irlanda unida.
Esta discrepancia puede explicarse por la preferencia abrumadora entre los protestantes a seguir siendo una parte del Reino Unido (91%), mientras que las preferencias de los católicos se reparten entre un número favorable a una solución constitucional, incluida la de permanecer como una parte del Reino Unido (47%), una Irlanda unida (40%), Irlanda del Norte convertida en un Estado independiente (5%), y los que “no saben” o son neutrales (5%).
Más allá de los intentos de los políticos por avanzar y profundizar en el proceso de paz, la actual polémica por la Union Jack ha dejado al descubierto nuevamente las profundas diferencias que existen entre las distintas comunidades que viven en Irlanda del Norte.
Fuente : proceso

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